
La cooperación al desarrollo en general se asocia a la ayuda humanitaria, las ONG o la cooperación técnica, aunque también en raras ocasiones al sector privado. No obstante, el sector privado desempeña un papel crucial en el desarrollo económico y social de un país.
El dinamismo de la economía sumergida en los países en desarrollo demuestra que su potencial de iniciativa económica es fuerte. En estos países, donde las estructuras del Estado siguen siendo frágiles y no pueden ser garantes de una situación económica estable, el acceso a la financiación y a los capitales a largo plazo (base sobre la que se asienta el crecimiento de las empresas) es limitado, incluso imposible, para una amplia franja de la población. De hecho, el sistema bancario no suele adaptarse a la demanda de los pequeños empresarios y no permite la emergencia de actividades generadoras de ingresos.
Por tanto, el apoyo al sector privado es indispensable en la cooperación al desarrollo, ya que funciona como motor del crecimiento económico. Las empresas locales, al producir bienes y servicios, contribuyen a mejorar el nivel de vida de la población, a acelerar los desarrollos tecnológicos, a hacer bajar los precios estimulando la competencia y a aumentar la base fiscal del país, condición indispensable para financiar las infraestructuras, la educación y la salud.
BIO cumple su misión de apoyo al sector privado, velando por que sus inversiones tengan un impacto positivo y duradero sobre el crecimiento económico y la mejora de las condiciones de vida de las poblaciones en los países en los que actúa.
En este sentido, BIO se apoya en algunos indicadores fundamentales del desarrollo, tales como el impacto social (desarrollo del empleo duradero, cumplimiento de las reglamentaciones sociales), el impacto económico (rentabilidad del proyecto y generación de ingresos fiscales, impacto sobre el sector, desarrollo del mercado financiero, etc.), el impacto medioambiental y el impacto en términos de gobierno (gestión responsable). Asimismo, varios indicadores del valor añadido tienen por objeto determinar en qué medida BIO ha ocupado un lugar estratégico en el marco de un proyecto de inversión, ya sea desempeñando un papel de pionero, atrayendo a otros inversores o incluso contribuyendo de forma significativa a reforzar el sector o su credibilidad.
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